Cuentos
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El presidente y el diablo

El presidente no sospechó al principio con quien estaba hablando. En un momento de la conversación, como dando una revelación única y magnánima, el diablo decidió hacerse conocer. Enseñó con orgullo una marca en la mano derecha, era un número que estaba grabada como fuego sobre y por debajo de la piel: 666. El presidente, […]

El presidente no sospechó al principio con quien estaba hablando. En un momento de la conversación, como dando una revelación única y magnánima, el diablo decidió hacerse conocer. Enseñó con orgullo una marca en la mano derecha, era un número que estaba grabada como fuego sobre y por debajo de la piel: 666.

El presidente, sin dejar de comer su hot dog, que acababa de servirse de la apetitosa cena que el diablo le ofrecía, preguntó ingenuamente: – usted es corredor de apuestas, verdad?
Corredor de apuestas?, a qué se refiere, respondió el maligno demonio. No tiene idea con quien está hablando?
Mi asesor me dijo que usted estaba interesado en comprar acciones
El diablo se incomodó en su asiento, pero respondió con firmeza:
No exactamente, fue un ardid para tener una reunión privada con usted.
El presidente, sin dejar de comer su hot-dog, se imaginó una propuesta ilegal, y por lo tanto, más onerosa y tentadora que las otras.
Y, de qué se trata su negocio? quién es usted?

Al diablo le costó un poco expresarse, por primera vez en toda su larga carrera con el mal.
Queda mal que diga quien soy. Mejor dicho, queda demasiado bien y yo tiendo hacia el mal. O mejor aún, digamos que no es ni bueno ni malo por eso no me parece apropiado decirlo… Vea usted, oyó hablar del ángel caído?.
No miro muy a menudo Expedientes X, pero cuénteme usted.
El diablo se sintió un poco irritado, estos políticos eran tal cual cómo lo pintaban las películas.
Y si yo le dijera que tengo un tridente y cuernos? – dijo con una ironía mordaz y penetrante el Maligno.
El presidente le miró con desgano:
Oiga, no sería el primer hombre que su mujer le engaña.
Entonces el diablo se sintió casi encolerizado:
Escúcheme con atención señor presidente: soy Luzbel, Lucifer, el Hijo del Mal.
El presidente lo miró con un poco de confusión:
Lo siento, no he visto sus películas últimamente.

El diablo entonces se encolerizó con razón:
Usted piensa que todo pasa por Holliwood?, voy a mostrarle algo. De repente, toda la sala comenzó a temblar y el ambiente cambió de un segundo a otro. Ambos se encontraron entonces en medio del infierno. Había fuego y gente llorando a su alrededor, aunque también se escuchaban carcajadas pero no se entendían si éstas eran de espanto o de un gozo de tipo sádico. El diablo adquirió entonces su real figura: se volvió espantosamente feo y de aspecto malévolo. El presidente quedó con la boca abierta. Aterrado, tiró su hot dog sobre las brasas que hacían de piso. Éste se achicharró y chamuscó con una rapidez extraordinaria.

Pero pronto todo volvió a la normalidad.
El presidente no cabía en su asombro. El diablo, con una sonrisa victoriosa, le dijo:
Me prestará ahora más atención?.
El presidente asintió con la cabeza. Luego, saliendo un poco de su terror primigenio, preguntó:
Qué es lo que desea?
Primero, empezar por aclarar las cosas: usted es el que desea, yo soy el que ordeno.
No entiendo. – dijo el presidente, lamentando haber perdido su hot dog.

El diablo incrustó con una penetrante y filosa mirada en los ojos del presidente.
Qué es lo que tiene en la mano?.
Oh, esto … – el presidente sabía que no podía mentir al padre de la mentira- son los países que invadiremos de aquí el 2010.- y luego, sonriendo- Como es lógico y astuto, los argumentos están en otra carpeta.
Usted tiene buenos asesores, señor presidente, pero se está olvidando de algo.

El presidente trató de adivinar qué es lo que al diablo quería, pero como siempre, decidió usar la diplomacia.
Dígame usted de qué me olvido… ¿puedo llamarlo Jefe?
Puede. En nombre de quién está invadiendo?.
En nombre de nuestro sagrado…(aquí la mueca del diablo fue evidente), mejor dicho en nombre de nuestro nada sagrado país.
Bien – dijo el diablo
Bien? –preguntó el presidente
Bien, en mi jerga, significa mal en la suya. Recuerde que yo combato el bien.
Ah – dijo el mandatario- y qué sería lo correcto, mejor dicho lo incorrecto que debemos hacer.
Dígame, dónde aparezco yo en todo este juego? – preguntó el diablo
Esteee…(dudó el presidente). Desde Holliwood estamos produciendo muchas películas ensalzándolo a usted, Jefe
Y dale con las películas- se enfadó Satanás- Usted me estaba robando protagonismo. Necesito más marketing.

El presidente dudó un momento, pero en seguida se le volvieron a avispar sus dos ojos.
Por supuesto señor, disculpe. Jamás vimos las cosas desde ese punto de vista. Nunca intentaremos competir con usted. Es más , lo adoramos.
Eso ya sé, dijo el diablo
Mire, en 24 hs prometo resarcir ese error. Tendrá cartelería propia, tapas de revistas, habrá invasiones que llevarán su nombre, también mandaré colocar una imagen suya en cada misil que impacte contra gente indefensa.
Eso me gusta – se deleitó Lucifer.
Así se hará, exclamó el presidente.

Y diciendo esto se despidió muy ceremoniosamente. Explicó a su gabinete de confianza todo lo acontecido y éstos pidieron tiempo para pensar. Pero después de un par de horas su gabinete de confianza decidió envenenarlo por considerarlo completamente loco. Así es que armaron toda una historia para los diarios y lograron que asuma el vicepresidente primero, un tal Smith.
Smith también tuvo posteriormente un encuentro con Satanás, pero al consultar con su asesor éste le dijo que David Coperfield hacía mejores trucos que ese farsante y su simulacro de infierno, y que no debía prestarle más atención.

Así que Smith mandó al diablo al diablo mientras caminaba por la Quinta Avenida, en víspera de Nochebuena.

Ese momento quedó grabada en la historia del infierno, dado que tronó como nunca el grito de Satanás, quien vociferó, como un león hambriento de venganza:
– Ustedes se la buscaron.

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(Del libro «Cagliostro y el Museo de Piedras»)

anibalsilvero

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