Cuentos
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Memento Mori

Primavera de 3000 El aire de la atmósfera es en estos días agradablemente cálido. Las mariposas parecen revolotear alrededor de las flores más rítmicamente que nunca. Acabamos de formar un movimiento en defensa de la flora y fauna del planeta. Creemos en el hombre, por sobre todas las cosas. Nos ilusionamos con la belleza de […]

Primavera de 3000

El aire de la atmósfera es en estos días agradablemente cálido. Las mariposas parecen revolotear alrededor de las flores más rítmicamente que nunca.
Acabamos de formar un movimiento en defensa de la flora y fauna del planeta.
Creemos en el hombre, por sobre todas las cosas.
Nos ilusionamos con la belleza de los ideales y la perfección del gobierno en democracia.
Creemos en Platón y en la República. Yo, por mi parte, profeso el sagrado evangelio de los antiguos cristianos. Creo que es posible unir el alma con el espíritu, y establecer un orden de paz en la Tierra y en el Universo todo.
He escrito este año dos libros de poesías. En uno de ellos, Cascabeles de sueños, manifiesto claramente el poder del Amor y la Conciencia del Hombre, factores que considero deben primar en la base de toda civilización.
Desde las bases, empapelamos las paredes con frases de libertad y nos aprestamos para que nuestro movimiento fructifique en la mente de los jóvenes.

Verano de 3005

El sol brilla a pleno desde las sierras que conforman la península toda. Los mediodías se han vuelto ardientes y pegajosos.
Me enamoré hace un tiempo de una chica llamada Yolanda, y movido por este sentimiento de ilusión, comencé a escribir décimas. Después de escribir muchos versos que me salían del corazón, decidí contarle.
En vano resultó confesarle que a través del amor me gustaría algún día integrar el alma con el espíritu, de acuerdo al libro sagrado de los antiguos cristianos.
Yolanda me contestó que no estaba dispuesta a darme ninguna esperanza.
Por otra parte, con respecto a nuestro movimiento estamos trabajando imperiosamente.
Hemos hecho una cantidad enorme de afiliados y vamos por más. Se acercan las próximas elecciones y al parecer de acuerdo a las encuestas tenemos mucha probabilidad de ganar. Sin embargo, el llamado movimiento mundial de los ortodoxos está ganando terreno a nivel mundial. Aunque ciertamente no me resultan claras las propuestas de ese Partido.

Otoño de 3010

El viento sacude apenas las hojas que tímidamente caen descompasadamente de la copa de los árboles.
Los días son grises. Muchos de los que comenzaron con nosotros ya han abandonado la causa y se han dispersado en el ancho mundo. Me pongo a pensar que a muchas personas les sucede que pasado el tiempo se olvidan de las cosas y creen que de esta forma las situaciones se alivianan y hasta pierden importancia. A mí me pasa todo lo contrario. Mi memoria me trabaja continuamente y me impide olvidar. Mas bien, cada vez el recuerdo se vuelve más pesado, y más vivamente golpea las paredes de mi corazón.
Me recuerdo, por ejemplo, de Yolanda. Ella nunca me explicó porque no dejó que yo la amara, y tengo el presentimiento que jamás me explicará.
La semana pasada he descubierto una cuestión horrible: los ortodoxos del centro han estado experimentando con la población humana.

Hace tiempo he estado observando un comportamiento extraño en muchas personas. Coincidía que todas ellas se habían implantado el passport en la mano derecha. El passport es un banco de datos extremadamente completo del individuo, que los ortodoxos implantan con el pretexto de servir de control internacional contra el terrorismo, aunque con esto la persona se vuelve un detector y emisor de datos ambulante, el control del individuo puede llegar así a ser así absolutamente total.

Pero yo investigué a fondo y el objetivo que persiguen los ortodoxos es todavía más oscuro: El implante posee una droga que modifica el funcionamiento neuronal del ser humano, borrando la capacidad de mantener recuerdos por más de 24 horas, llegado ese límite, el sistema de recuerdos se reinicia y la persona vuelve a construir sus recuerdos a partir del nuevo día. Es como reiniciar la mente cada mañana.

Por esto mismo, la situación últimamente se ha vuelto muy espantosa. La gente no se recuerda hoy de lo que hizo ayer, y mañana no se recordará nada de lo que hoy suceda. He visto a soldados del gobierno fusilar a padres de familia que se negaban a cooperar con la construcción del Nuevo Imperio, frente al desconsolado llanto de su esposa y de sus hijos. Y al otro día vi a esos mismos chicos saludando a los soldados, como si nada hubiese pasado. Vi también a la viuda lustrar sonriente las botas del asesino.

Tener memoria de un solo día me parece algo monstruoso, terriblemente perverso, sólo una mente maquiavélica puede mantener a la humanidad en este estado.
No obstante, así está todo, así están todos. Decidí venir a vivir a un bunker, lejos de las ciudades del imperio. Aquí estoy escribiendo dos novelas: La muerte del César y La oscuridad del pensamiento, donde denuncio la brutal esclavitud con que se está sometiendo a la humanidad.
Estaré solo por una temporada aquí. La verdad es que no tengo más ganas de escribir este diario. El invierno se avecina

Invierno de 3015

Desperté lentamente hoy, 23 de Junio, el hielo arrecia los límites de mi vivienda.
Sé que mis libros son la única huella de pasado e historia que nos queda, pero estoy malditamente asqueado con este sistema de vida.

La civilización se ha vuelto totalmente autómata y ya nada puedo hacer por ella. Aunque alguien hiciera el mayor de los esfuerzos para realizar una revolución, sería sólo por hoy, ya mañana nadie recordaría nada y volverían a ser esclavos. Quizás la tiranía dio finalmente con la fórmula perfecta, después de tanto tiempo de buscar la dictadura eterna.

Ya no tiene sentido vivir así, no hay causa que valga. Sólo veo rostros que se encienden hoy para mañana apagarse, ideas que relucen con el fulgor rebelde del ahora, pero que dentro de 24 hs ya nadie evocará, ni siquiera en sueños.
Por lo que he decidido culminar este diario y entregarme.
Recogí en un baúl todos los libros que he escrito, siete en total, con las tres colecciones de cuentos. En este baúl pondré el diario que estoy escribiendo y me marcharé a mimetizarme con la multitud, a masificarme blandamente con las gentes que viven un día por vida, en ese raudo vivir de mariposa que para ellos es la vida toda.

Con estos libros en poder de los ortodoxos, se perderán los últimos vestigios de escritura en la humanidad.
Y la memoria morirá definitivamente.
Ya no habrá vestigios de ella, ni en la tierra, ni en el cielo, ni en ninguna parte.
Y sólo estaremos nosotros, los nadies, trabajando de sol a sol, sin importar saber quiénes somos, de dónde venimos, ni hacia donde vamos.

Voy directo a la Iglesia de la Concepción, allí el sacerdote me reconocerá y me pondrá la marca en la mano derecha. Posteriormente, ya entrada la tarde, se me implantará el passport. Será a la puesta del sol, cuando las primeras tinieblas arrecien la faz de la tierra, y los hombres comiencen a presentir que pronto terminará todo para ellos también. La noche les devorará los recuerdos y asesinará sus memorias, hasta convertirlos en el vacío mismo.

Voy pues rumbo a la nueva vida que se me abrirá, que es para todos nosotros la peor de las muertes.
Voy hacia el cero primigenio, hacia la nada desde dónde partí un día, ignorante de mí mismo y de las cosas.
Definitivamente, vuelvo al punto de partida.
Esta noche, habré olvidado todo.
Mañana, todos me habrán olvidado.

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(Del libro “Cuentos sin Espacio”)

anibalsilvero

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