Cuentos
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El edificio de Laura

Alfredo decidió ir al edificio de Laura. Pero por más que recorría y recorría el ancho vecindario, no hallaba el edificio en ningún lugar. Y al llegar, por más que dio vueltas y vueltas no encontraba la puerta de entrada. Tampoco vio ventanas o portales o abertura alguna en toda la construcción. Igual, decidió ingresar. […]

Alfredo decidió ir al edificio de Laura. Pero por más que recorría y recorría el ancho vecindario, no hallaba el edificio en ningún lugar. Y al llegar, por más que dio vueltas y vueltas no encontraba la puerta de entrada. Tampoco vio ventanas o portales o abertura alguna en toda la construcción. Igual, decidió ingresar. En el hall de entrada, no había un conserje o administrador, tampoco un portero. Sin embargo, Alfredo siguió camino, decidido en llegar hasta el piso de Laura, a cómo dé lugar. Pero no encontró una escalera en todo el perímetro. Tampoco había un ascensor o un elevador que pudiese llegar hasta el noveno, pero Alfredo igual subió. Al llegar al noveno, no había ningún pasillo que condujese a la habitación de ella. De hecho, tampoco habitaciones ni puerta de habitaciones, pero Alfredo, obsesionado, decidió golpear. Como nadie lo atendía, entró. Y allí encontró a Laura. Aunque mirándola bien, no era Laura, era una pobre muchacha acurrucada detrás de la cama.

Por qué tienes tanto miedo?– le preguntó Alfredo
Me está asustando un fantasma. – dijo la joven.
Qué fantasma? – preguntó Alfredo
El fantasma eres tú – le dijo ella – siempre has sido tú el fantasma.


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(Del libro “Cagliostro y el Museo de Piedras)

anibalsilvero

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