Cuentos
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El elegido

No cabe duda que yo soy el elegido. Camino por primera vez sobre la superficie terrestre con una emoción desbordante. Ayer pude erigirme sobre mis tres patas con un manifiesto orgullo. Fue a la caída del sol, y aunque conocí al sol hace apenas tres días, ya siento una infinita simpatía por él. Cuando salí […]

No cabe duda que yo soy el elegido. Camino por primera vez sobre la superficie terrestre con una emoción desbordante. Ayer pude erigirme sobre mis tres patas con un manifiesto orgullo. Fue a la caída del sol, y aunque conocí al sol hace apenas tres días, ya siento una infinita simpatía por él. Cuando salí a la superficie terrestre y me encontré por primera vez con la luz, el impacto en mi gran ojo hipérglota fue tremendo. Lo cerré por un largo tiempo, hasta dos veces el tiempo que se tarda en cruzar una caverna de la Gran Kamtasia a un transitar medio. El ardor primigenio en mi ojo fue tremendo. Enseguida enrojeció y se hinchó desmesuradamente, pero soporté el dolor todo lo que pude y también me entregué a la transubstalización de la mente. Nosotros, los hipérglotas, transubstalizamos la mente. Es un proceso maravilloso en el cual uno se funde con la energía terrestre y se siente parte de todo. Es una lástima que los bípedos racionales no hayan aprendido el poder de la transubstalización, pues de ese modo no estarían ahora achicharrándose lentamente sobre la superficie de la tierra.

Cuando salí de la Gran Kamtasia, la bellísima ciudad donde convivimos felices hace miles de años, mis congéneres me desearon el mayor de los éxitos y dijeron esperar mi regreso muy pronto. Hemos estudiado a los bípedos racionales desde hace más de tres mil años, pero jamás nos atrevimos a intervenir en su torcida forma de conducta. Creemos en el libre albedrío de los seres vivientes, y además nos regimos por el código Tereside, que marca el destino de todas las razas.

El código Tereside es muy claro con respecto a esta época del planeta, y es por ello que fui elegido entre miles de hipérglotas para cruzar el subterráneo de todas las plagas, donde soporté decenas de pruebas y sufrimientos antes de llegar al exterior. Fue terrible aquel suplicio, por momentos pensaba que mi misión era imposible de realizar, pero bien pronto encontraba la forma de transubstalizar la mente y superaba la experiencia. Así es como emergí a la superficie.

Tres veces pasó el sol por el firmamento desde entonces. Y durante el transcurso de estos tres días me moví por el ancho espacio de la superficie terrestre, ya sea usando las tres patas con las que comencé a erguirme, ya sea usando nuestro poder de transubstalización, que nos permite recorrer largos isofostos en cuestión de instantes. Los bípedos racionales se están calcinando bajo un calor espantoso. Los suelo encontrar por las rutas por donde viajo, casi siempre muertos, con muecas de sofocación en su rostro, tendidos bajos los árboles o dentro de sus precarias viviendas. Son pocos los sobrevivientes, pero se ven en muy mal estado. Sus cuerpos no soportan el agobiante calor reinante. Para mí es algo normal, dado que nuestra Gran Kamtasia está construida alrededor del fuego líquido de la tierra, bajo la tercera capa. El código Tereside señala esta época como la de la transmigración de las razas, nosotros así lo entendemos y por eso fui enviado por el Consejo Universal a explorar la superficie del planeta. Ahora sé que ya está habitable y regreso la Gran Kamtasia, a comunicar la importante noticia al Consejo, y así se lleve a cabo el inmediato éxodo de todo mi pueblo.

Lamentablemente, los bípedos racionales no conocen el código Tereside, porque tampoco saben realizar la transubstalización de su mente, y de esa forma ignoran el destino que les espera allá abajo. Cuando pasaba algunas de las pruebas en el Subterráneo de todas las plagas, se me ocurría pensar si algún bípedo racional estaría también en ese lugar, padeciendo las horribles pruebas para salvar a su raza. Pero es muy remota esa posibilidad. Desde el Consejo me aseguraron que no hay un solo bípedo racional que sepa practicar la transubstalización, y mucho menos alguien que conozca el código Tereside. No hay nadie pues, preparado para comunicar sobre la transmigración de las razas. Nosotros, los hipérglotas, tendremos que transitar solos el camino que va desde el interior del planeta al exterior, a través del túnel del agujero boreal.

La superficie de la tierra se ha vuelto deliciosamente habitable para nosotros, mientras que la Gran Kamtasia se está volviendo espantosamente fría para nuestros organismos. La Tierra ha variado terriblemente su clima en la última semana. Pero todo esto está escrito en el código Tereside. Por eso fui enviado con prisa por el Consejo Universal, porque confiaban en mi capacidad para superar las pruebas del subterráneo de todas las plagas y así salvar a mi raza del fuerte frío que se avecina en la Gran Kamtasia. El código Tereside dice que cada tiempo equivalente a un eredón las razas deben transmigrar, del exterior al interior, y del interior al exterior, respectivamente, debido a un ciclo climático del planeta. En este momento, la Gran Kamtasia se está volviendo habitable para los bípedos racionales, y hostil para nosotros, los hipérglotas.

Yo soy el Elegido.
He superado las duras pruebas del Subterráneo de todas las plagas y voy a ayudar a preparar la migración de mi pueblo. Yo triunfé, y mi raza se salvará por eso.
De los bípedos racionales, de acuerdo al Consejo Universal, ninguno migrará hacia el interior de la tierra. Pero, sea como sea, La Gran Kamtasia estará esperándoles a ellos por un largo tiempo.

anibalsilvero

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